Vi hacia dónde iba todo.
Me interesó lo que la inteligencia artificial está revolucionando, pero sobre todo entendí algo que a mucha gente todavía se le escapa: esto no se queda en la tecnología. Se va a plasmar en el día a día de cualquiera que tenga un negocio, lo quiera o no.
El que lo entienda antes va a jugar con ventaja durante unos años. El que lo entienda tarde va a competir contra quien ya lo entendió.
Siete años y medio afuera.
Me fui de Venezuela como inmigrante. La mitad de ese tiempo lo pasé en Estados Unidos — desde mayo de 2023, para ser exacto.
Vivir allá no fue solo trabajar. Fue entender cómo funciona el sistema americano por dentro: cómo se estructura un negocio, cómo se cobra, cómo se ordena, por qué las cosas allá simplemente funcionan. Me adapté, lo adopté y me preparé al máximo.
Todo eso lo estoy trayendo de vuelta. No como souvenir: como herramienta.
El primer sistema lo construí para mí.
Fue DT Academia, una marca propia. Nada de teoría ni de casos de estudio ajenos: lo monté entero y lo puse a vender.
Ahí fue donde entendí el poder real de la automatización. No leyéndolo — viéndolo cobrar, verificar un pago y entregar un producto de madrugada sin que yo tocara nada.
Todo lo que construyo hoy para otros salió de haberlo construido antes para mí.
Y esto es lo que me molesta.
Me molesta que el pequeño negocio no sepa lo que existe. Hay negocios ahogados en trabajo manual que podrían tener un sistema completo impulsándolos, y ni siquiera saben que es posible. No es que no puedan: es que nadie se lo contó.
Y me molesta más el otro lado: modelos de negocio que no piensan en ayudar, sino en lucrar. Que le venden humo a gente que está empezando.
Quiero ser el que marque la diferencia. Y revolucionar a los que estén dispuestos a quedarse a trabajar y construir su negocio de verdad.
¿Te quedas a construir?
Estoy abriendo una comunidad para comerciantes en Venezuela. Ahí es donde esto se pone en práctica.
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